La pulpería

Simplemente la pulpería de la esquina cerró hace años. Ahora abro yo una pulpería pequeña acá en un espacio de la web. Más ésta no es como la del pueblo, donde hay de todo, simplemente hay lo que pude conseguir.
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martes, 2 de agosto de 2011

Regreso sensorial a India


El Ganges al amanecer, decenas de botecitos se mecen en sus aguas dejando las primeras ofrendas del día.

Hoy regresé a la India por medio del sentido del gusto. Han pasado casi seis meses y no fue hasta hoy que me atreví a abrir una cajita de masala chai que me compré en una esquinita del Main Bazar.

El viaje fue tan abrumador para mí que me tomó todo este tiempo querer volver a sentir a la India. La pobreza, el analfabetismo, la suciedad es como una bofetada en plena cara. Sin embargo, no es posible irse con sólo eso, sería muy mezquino e injusto. La India es un país de historias sublimes.

El chai me trajó a la memoria el tren, ese enorme gusano de lata que recorre ese país enorme. Yo me quedaba ida mirando las extensas plantaciones, el amanecer, los niños redondeando con sus manos la boñiga de las vacas, las mujeres con sus saris multicolores.

Me tomé tantos chais en la India, algunos regalados, muchos comprados, y es que cualquiera en India te regala un chai, desde el anciano más venerable, hasta el adolescente más granuja. Yo también invité a chais. Y es que en ese poco de té con leche y especias se encierra muchísimo de la India, de su generosidad, de su sabor dulce y picante a la vez, de la necesidad de calentarse por dentro, de compartir...
Hoy volví a la India y recordé el chai frente al Ganges, el de la estación del tren, del que me tomé frente al Taj, el que compartí con Kumar, con el abuelito del Maruhad Express train, etc.

Cuando volví no estaba segura de querer volver al subcontinente asiático, hoy la lengua me traiciona.